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Ecuador: Convierten el vegetal reciclado en arte

by on March 17, 2014
 

En un taller de no más de 9 m² en la parroquia Celiano Monge, de Ambato, Ecuador, la Sra. Marllury Culcay Céspedes transforma vegetales reciclados en obras de arte. Pone la imaginación y la creatividad en acción para hacer una diversidad de adornos de flores, parejas indígenas, pequeñas carteras, coronas, muñecas, canoas, entre otros.

Culcay, de 62 años, recuerda que su madre, Elvia Céspedes, era muy hábil para esta actividad y que desde niña ella se inclinó por las manualidades, pero decidió ser profesora de preescolar, profesión que desempeñó durante 35 años, lapso en el que perfeccionó su destreza mientras enseñaba a los niños a desarrollar la motricidad fina y gruesa.

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Creatividad ecológica

Al jubilarse asistió a un curso de especialización en Quito. “Comprendí que estoy en capacidad de hacer algo que puedo compartir”, expresa. Entre sus objetivos está enseñar este oficio que tiene como base los vegetales reciclados. “Ojalá niños y jóvenes se inclinen por esta labor para que haya menos basura en el planeta”, dice.

Esta artesana busca la materia prima para sus labores en los mercados de Ambato y Pelileo, o en cualquier lugar donde encuentre algún desecho vegetal al que le va a “dar vida” por medio del arte. “Con la corteza de naranja hice nacimientos y flores hermosas que se vendieron en Navidad; con la hoja del coco confeccioné canoas, mientras que con el cutul (hoja de mazorca de maíz) se puede hacer infinidad de objetos”, sostiene.

Culcay asegura que luego del reciclaje, lo más demorado y que mayor dedicación requiere es el proceso de preparación del material antes de elaborar las artesanías. Empieza con la desinfección con cloro, en caso de darle color aplica esencias vegetales y pone a secar. El adorno más sencillo se tarda alrededor de tres días en confeccionarlo, pero hay los que toman de 15 a 20 días. Los precios también varían entre los 2 a 50 dólares.

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Falta de atención

Manifiesta que todo lo que se hace es manual y lamenta que ese trabajo no sea valorado por la mayoría de la gente que, asegura, le reclama cuando por algún objeto pide 5 dólares. “Me dicen ‘eso no vale ese costo, tal vez cuesta 1 dólar’; es porque no reconocen el valor del arte que se hace con las manos”, indica.

Culcay hace un llamado para que las autoridades brinden mayor atención a los artesanos, a fin de que puedan tener locales apropiados para sus obras. En su caso, no cuenta con recursos económicos para arrendar un local en el centro de Ambato. Por esa razón, donde funciona su taller, tiene su vivienda y allí mismo un área de exhibición y venta de sus artesanías.

Fuente: Wilson Pinto / http://www.eluniverso.com

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